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El ciervo da la puntilla al urogallo PDF Imprimir
El urogallo cantábrico, una subespecie en peligro de extinción, se enfrenta a un enemigo inesperado. No es el lobo, ni el hombre, ni tan siquiera el cambio climático. Las altas densidades de ciervos en algunas zonas de la Cordillera Cantábrica están apuntillando a las últimas poblaciones de esta gallinácea que sobreviven en el norte de España.

A comienzos del siglo XIX, el urogallo ocupaba el noroeste de España, desde los Ancares de Lugo hasta Cantabria. Incluso existían algunas poblaciones aisladas en el Sistema Ibérico y en los Montes de León. Hoy, los 500 ejemplares que perduran están arrinconados en Asturias y León, con un grupúsculo en vías de desaparición en Cantabria.

Detrás de esta progresiva extinción se encuentran factores como la fragmentación de su hábitat, el elevado número de depredadores ante la ausencia de alimañeros y la proliferación de estaciones de esquí. Pero la traca final es la explosión demográfica del venado.

El director del Parque Nacional Picos de Europa, Rodrigo Suárez, cree que "es estupendo cuando hay nevadas y la población de ciervos se controla sola". Sin embargo, si la nieve no diezma a los venados, el parque recurre a los perdigonazos. La última batida de guardas armados, en 2006, acabó con la vida de 15 venados. Y habrá más en el futuro.
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