| Cuajo empresarial |
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Después de acabar un curso sobre la elaboración de quesos, una cooperativa exclusivamente femenina se ha lanzado a recuperar la variedad de los Beyos. Hace falta paciencia para madurar un queso de Beyos. No es ningún problema en Amieva, un concejo montañoso, despoblado, envejecido y de ritmo lento donde abundan el tiempo y los paisajes asombrosos. Para explicarlo de forma simple, podríamos decir que las políticas de desarrollo rural, una tendencia alimentada con fondos europeos que pega fuerte en lugares olvidados por la hucha del Estado, consisten en dar la vuelta a todas esas carencias para convertirlas en virtudes. La incorporación de la mujer al mundo laboral y el resurgir de una industria agroalimentaria capaz de ofrecer productos de gran valor añadido son dos de los propósitos más inteligibles de todos los objetivos de Bruselas. Los burócratas de la Comisión Europea suelen explicarlos en un océano de documentación redactada en una jerigonza esotérica e intraducible. Los planes se entienden mejor sobre terreno. Por ejemplo, en Carbes, al final de una carretera de esas que en los planos aparecen pintadas de verde panorámico, dos vecinas han abierto una quesería. Están dispuestas a ganarse la vida con tan antigua y acreditada tradición y, al mismo tiempo, son revolucionarias. Son las paradojas que plantea la decisión de no abandonar el pueblo. Pilar Valbuena ha conocido una colección de oficios y ejercía como peón en una brigada forestal antes de inscribirse en un curso ocupacional sobre la elaboración de quesos. Mariana Huerta era peluquera antes de acabar en las mismas clases. Las dos llegaron a la misma conclusión. Les atraían los secretos de la transformación de la leche en un alimento sólido. Junto a otra compañera, plantearon a la Mancomunidad del Oriente la posibilidad de aprovechar el material de la escuela-taller para abrir una pequeña empresa y probar fortuna. Consiguieron apoyo municipal, una subvención y, desde enero, tratan de abrirse camino en el negocio. Las flamantes industriales desprenden ilusión, pero más lejos, en despachos de Oviedo, la experiencia suscita una emoción de intensidad similar. Pilar y Mariana reciben a menudo llamadas desde la Consejería de Medio Rural, donde su apuesta entusiasma: son dos emprendedoras dispuestas a quedarse en el campo, a desarrollar un sector agroalimentario autóctono y a recuperar el queso de los Beyos, una variedad apreciada por los 'connaiseurs', pero tan abandonada por los elaboradores tradicionales que corre peligro de desaparecer. 250 litros de leche al día En realidad, la quesería de Carbes tiene poca competencia: otras dos fábricas en Amieva y una más en Ponga, donde el domingo se celebró el tradicional certamen del queso. Como todos los años, acaparó las conversaciones la tramitación de la Indicación Geográfica Protegida, un estatus que acrecentaría su valor y permitiría acceder a más fondos para la promoción de sus características. Las dos socias prefieren no proyectar sus planes hasta momentos muy avanzados en el futuro. Su preocupación es consolidar el negocio, al que dedican días enteros. Dirigen una fábrica dotada de tecnología, pero ningún invento humano ha conseguido aún liberar a agricultores y ganaderos de las servidumbres del oficio. Todos los días, a primera hora, es preciso recoger la materia prima. Consumen 250 litros de leche al día para producir entre 150 y 160 quesos. Esa leche cuaja un día entero en un tanque de frío antes de ser utilizada. Siempre hay quesos que salar, voltear y poner a curar. El proceso dura 3 semanas. Además, hay que encontrar tiempo para conducir la furgoneta y repartir los encargos a la cartera de clientes que, entre tiendas y hosteleros, empiezan a reunir. En ocasiones toca ir hasta Llanes. El descanso dominical está fuera de alcance. Precisamente en domingo se celebra el 'mercau' de Cangas de Onís, el más importante del Oriente, y una oportunidad de hacer ventas a 10 euros el kilo que no se puede desdeñar. Ni a Pilar ni a Mariana les parecen sacrificios excesivos por conseguir un trabajo cerca del lugar donde han elegido vivir. Se conforman. Dice Mariana: «¿En qué vamos a trabajar si no?». El manual de Bruselas no tiene respuesta. asturianos POR RAUL ALVAREZ El Comercio Digital 19/05/07 |
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