| Amieva intensificará los contactos para iniciar su plan de restauración |
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Desde hace ya tiempo, el concejo de Amieva tiene en marcha un proyecto similar al que ahora se quiere impulsar en Piloña. De hecho, el alcalde encargó hace meses un informe a una empresa especializada del que ya tiene los resultados. En él se fija el coste de la recuperación de cada uno de los molinos entre 3.000 y 24.000 euros, dependiendo del estado de conservación en el que se encuentren.
Allí se pretenden acondicionar diez de los diecisiete que existen en el municipio. El alcalde, Ángel García, quiere retomar las negociaciones con los propietarios para iniciar de una vez por todas el proyecto. «Espero que los dueños se animen y se sumen a esta iniciativa, que sería muy beneficiosa para ellos y para todo el concejo», explicó. Además, de esta forma el Consistorio permitirá poner en valor la Ruta de La Reina, que trascurre por la márgen del río Sella, donde se asientan la mayor parte de estas edificaciones. García cree que, de esta forma, podría añadirse un importante atractivo a esta senda, que debería ser correctamente señalizada para que los paseantes vayan descubriendo entre sus recodos los molinos y puedan visitar el interior de algunos de ellos. La intención primera es la de contratar un guía que acompañe a los turistas por la ruta y les pueda explicar su funcionamiento. Una de las posibilidades que apuntaba el alcalde como financiación para esta iniciativa es que los dueños de los molinos puedan vender la harina a los visitantes a modo de muestra o instalar en sus locales una pequeña tienda con productos autóctonos, como «el queso de la zona, embutidos o productos derivados de la propia harina». El edil aclaró que todo dependerá de cómo quieran enfocar cada uno de los dueños su participación en la iniciativa. Para la re cuperación de las instalaciones, el alcalde espera contar con la financiación de Patrimonio, programas europeos y hasta entidades bancarias. Y es que el montante total de la inversión supondría unos 140.000 euros, lejos de las posibilidades económicas del Ayuntamiento y de los propietarios. La mayoría de estas construcciones tienen más de dos siglos de historia y a ellos acudían los vecinos de los diferentes pueblos a moler el maíz que cosechaban en sus tierras. Los molinos fueron quedando abandonados entre los años 1950 y 1970, cuando la ganadería restó peso al sector de la agricultura. Ahora, el uso turístico puede rescatarlos del olvido y hacer que su maquinaria vuelva a moverse para deleite de visitantes y de sus dueños. El Comercio Digital |
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