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Los expertos hallan en la gruta de Collubil unas doscientas piezas del hombre Magdaleniense Imprimir E-Mail
El equipo de historiadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) -que retomó a mediados de setiembre las investigaciones en la gruta de Collubil, un siglo después de las últimas excavaciones- ha encontrado «unas doscientas piezas» correspondientes al Paleolítico Superior, entre las que destacan huesos de animales, herramientas y pequeños restos de piedra que eran utilizadas para tallar sus útiles.

Las investigaciones en la caverna de Amieva dirigidas por el profesor de Prehistoria de la UNED, José Quesada, se centraron en una fosa hallada al fondo de la gruta de siete metros de largo por cinco de ancho, y más de tres de profundidad, en la que anteriormente habían trabajado otros científicos. «Ahora tendremos que realizar un minuciosa labor de archivo para tratar de concretar si esta fosa fue abierta por el conde de la Vega del Sella -entre 1912 y 1915- o si se remonta a las investigaciones desarrolladas por parte de Justo del Castillo -en el año 1881-», explicó el experto. En aquellos primeros trabajos ya se habían hallado restos que datan de hace unos 12.000 ó 14.000 años y que, por tanto, corresponden al hombre Magdaleniense, en la época de esplendor del Paleolítico Superior.

A pesar de que muchas de las piezas podrían haber sido extraídas con anterioridad, fueron casi doscientas las localizadas durante la segunda quincena de setiembre en este punto. «Se les pasaron muchos restos, quizás porque nosotros lo hemos hecho con más cuidado y porque en aquella época eran mucho más selectivos a la hora de recoger las piezas. Además, ahora disponemos de métodos más modernos», admitió. Eso sí, los hallazgos encontrados este mes «están revueltos, y no nos permitirán realizar una reconstrucción de la secuencia de ocupación por el momento», aunque sí es posible datar de forma genérica estos restos en la época Magdaleniense.

La primera tesis de los investigadores es que el hombre que ocupó esta cueva es el mismo que vivía en otras grutas de la vega del Sella ya investigadas, como la Güelga, de Cangas de Onís, y Tito Bustillo, en Ribadesella. Partiendo de esta base, el equipo de la UNED tratará de realizar una reconstrucción paleoambiental y paleoeconómica para explicar por qué el hombre Magdaleniense tenía necesidad de moverse por la vega del río Sella y ascender hasta esta otra cueva, de complicado acceso y malas condiciones climáticas.

La explicación más sencilla aportada por José Quesada como primera hipótesis es la necesidad de conseguir suministro durante determinada época del año, ya que en esta zona habría grandes reservas de caza de cabra y rebeco. Sin embargo, el desorden con el que se encontraron los restos les impide por el momento hacer firme esta especulación. Sí saben, por las piezas encontradas, que se trataba de un lugar en el que «comían, o al menos acercaban a los animales que cazaban para descuartizarlos», y que allí trabajaban en la elaboración de útiles de caza.
El Comercio Digital
 
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