| Amieva bajo la lluvia |
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Juan Antonio Cabezas califica con mucha precisión, en su «biografía» de Asturias, a los concejos de Amieva, Onís y Ponga como «concejos de pastores», y yo añadiría «tierras altas de pastores», porque en ellos se reúnen la montaña y el valle alto y el valle fluvial.
Tres ríos recorren estos tres concejos pastoriles: el río Ponga, que los ponguetos aseguran que es el verdadero río Sella, el de Ponga; el Dobra, que viene impetuoso del valle de Angón, el de Amieva, y el Güeña, el de Onís: los tres desaguan en el Sella. Amieva es el gran desconocido de los Picos de Europa y de la comarca oriental de Asturias. Si alguien dice que la margen izquierda del Sella pertenece a Ponga y la derecha a Amieva, Ángel García, el alcalde, que es buena persona y hombre sosegado, poniendo cara de infinita paciencia, y con el tono un poco cansado de quien enseña al que no sabe, rectifica: «Las dos orillas pertenecen a Amieva. Y más abajo, lindamos con Parres».Efectivamente: los límites de Amieva son, al Norte, Parres; al Oeste, Ponga; al Este, Cangas de Onís; al Sur, los territorios leoneses de Sajambre y Valdeón. Riegan su tierra verde, para que continúe verde y jugosa, los ríos Sella, Dobra y Ponga. El concejo se asienta sobre las estribaciones del macizo occidental de los Picos de Europa y su techo es la Torre de las Tres Marías, de 2.416 metros, Tiene 117 km2 de superficie y una población de unos novecientos habitantes, distribuidos en veintiocho pueblos, aldeas y caseríos, ninguno de los cuales está deshabitado. El territorio de Amieva figura como municipio desde 1308. Su capital municipal es Sames, pero el edificio del Ayuntamiento está en Precendi. Vamos a recorrer Amieva con Antón Puente, empresario de Cangas de Onís, y el alcalde, Ángel García, precisamente el día de más lluvia de otoño. Pero ¡qué se le va a hacer! Asturias se ve muy bien bajo la lluvia, incluso mejor que bajo el sol. El Ayuntamiento es un edificio agradable, pues pocos deben quedar en Asturias rodeados de huertos con pomaradas. El Alcalde me habla de la cueva de Coyubil, explorada por el ingeniero Justo del Castillo en 1881, lo que le convierte en el adelantado de la paleontología en Asturias. En esta cueva se encontraron piedras talladas y pulimentadas del Paleolítico superior y más arriba, cerca de la iglesia de Santa María de Mián, hubo una construcción megalítica que por aquí llaman el dolmen. La iglesia de Mián, cuya parroquia se extiende hasta Miyares, mantiene algún vestigio antiguo. Esta iglesia, junto con las de San Martín de Argolibio y Santa María de las Nieves de Cirieño, fue donada por Ramiro II el año 926 a la iglesia de Oviedo.Vamos a comer a Casa Chili, en Sames, un agradable establecimiento situado frente a una magnífica panera, con chimenea encendida y madreñas colgando de las vigas del techo. Es bar, tienda y alojamiento rural, y su ambiente resulta extremadamente acogedor, mientras afuera llueve. La borona preñada preparada para la ocasión tiene un aspecto portentoso.No para de llover, pero Ángel García es animoso y nos sube a Antón y a mí a su camioneta para hacer un recorrido por los pueblos altos. La lluvia desborda los torrentes por prados y caminos. El agua salta en los prados, como si rompieran las venas de la tierra. De las peñas surgen cascadas y el agua, descendiendo por los caminos, arrastra piedras y provoca «argayos». Pasamos por Carbes y subimos a San Román, a seiscientos metros sobre la montaña. Abajo queda Sames, con la espalda apoyada en un pico puntiagudo llamado La Corona. Nos detenemos en la collada de Amieva, a 850 metros. Desde aquí, si no fuera por las cortinas de lluvia, se verían Priniello, La Armada, el mirador de Ordiales, Cotalba, La Torrezuela, Cabra Blanca, Canto Jañón, Peña Corumbu, El Frande (que es límite con Valdeón), el monte Tornos, cubierto de hayas y tejos, y la collada de Ordes. Y después de pasar por el pueblo de Amieva, atravesamos la carretera para ponernos en la margen izquierda del Sella. Por aquí están Argolibio, Villaverde y más allá Pen y Cirieño se contemplan desde lo alto de dos montes. Cirieño escalona su caserío al monte sobre el que se asienta. Hay bar (el bar Martínez), en el que los vecinos hablan del saneamiento de la cabaña y le proponen al Alcalde jugar una partida. Pero el Alcalde tiene que bajarnos a Antón y a mí. Otro día será. El camino desciende hasta la Vega de Sebarga, con su puente sobre el río Ponga, que desciende turbio, amarronado, arrastrando árboles a velocidad vertiginosa. Por aquí salimos otra vez a la carretera del Pontón, donde están Santillán y Precendi. De regreso a Cangas de Onís, contemplamos un poderoso espectáculo: las aguas del Dobra arrinconando a las del Sella contra su orilla izquierda. La Nueva España 08/11/05 (Cómo decir tanto en tan poco espacio....) |
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